
______Foto: Noelia Palafox
Duermo más allá de la tarde,
la serenidad me reconoce
y la luz me infunde dinastía
para afirmarme libremente.
No necesito más vestimenta
que mi piel porque hay un viento
que me envuelve si tú me contemplas.
Siento un latido en mi pecho
que nació sin guerras,
que nació tan sólo de belleza,
y sé que la magia de tus ojos
puede hacerme silenciosamente eterna.
Da igual que no lo creas,
la serenidad me reconoce
y la luz me infunde dinastía
para afirmarme libremente.
No necesito más vestimenta
que mi piel porque hay un viento
que me envuelve si tú me contemplas.
Siento un latido en mi pecho
que nació sin guerras,
que nació tan sólo de belleza,
y sé que la magia de tus ojos
puede hacerme silenciosamente eterna.
Da igual que no lo creas,
yo regreso a ti
para decir -¡no! ¡no!- para gritar
que nadie me apague este atardecer
ni las letras de tu nombre
cuando salpicas mis piernas
con tus besos verdes
y ajeno a mi retorno me quieres.
Mas no hay verano ni espera,
sólo un paisaje muy blanco
de poderosa ternura
que sobrevive al olvido
por el inconformismo de la gramática
suspendida en otro tiempo
en el que irremediablemente fui tuya.
para decir -¡no! ¡no!- para gritar
que nadie me apague este atardecer
ni las letras de tu nombre
cuando salpicas mis piernas
con tus besos verdes
y ajeno a mi retorno me quieres.
Mas no hay verano ni espera,
sólo un paisaje muy blanco
de poderosa ternura
que sobrevive al olvido
por el inconformismo de la gramática
suspendida en otro tiempo
en el que irremediablemente fui tuya.
.






