que me invita a jugar con rimas y medidas y eso me gusta.
Hay un tiempo de tarde
que derrama su luz justo en el agua,
y hay un cielo cobarde
tan cercano y caótico que fragua
la costura y la etapa
por donde la existencia se me escapa.
Es un tiempo de siesta
donde cada palabra es un murmullo,
y me entrego dispuesta
porque sé que no habrá nada más tuyo
que mi sola ternura
que te despojará de tu cordura.
Y no hay conceptos
ni dudas ni obviedades que mitiguen
tantos viejos preceptos,
pues no comprenderé que nos castiguen
si bajo el cielo raso
combatimos la pena y el fracaso.
Y por eso da igual
no obtener el perdón de algunos dioses,
porque es lo natural
fundirnos y olvidar las otras poses.
Y si llega la muerte
nos moriremos sin que nos despierte.
[foto: paloma corrales]
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Él me enseñó muchas cosas, muchas. Entre otras, hacía unas fantásticas entradas de "estrofado" en su blog para compartir su saber con absoluta generosidad, como pocos poetas hacen y, también, para jugar. Hoy este poema (escrito en sextetos alirados en junio de 2010) me perseguía, por eso lo he traído y porque le echo mucho de menos. Gracias, Zuñi, por tanto y tanto.


