balbucear las bestias
con la boca pintada de rojo,
incluso sin ninguna boca, transpirarlas
una a una:
la del vértigo oscuro,
la de la voz que busca el aliento,
la que respira y dice lo trémulo,
la que revienta,
la que baila desnuda y copula con algas
(por mi culpa, por mi grandísima culpa),
la que tiene serpientes entre los muslos,
la del álbum de fotos,
la de la sombra, sombra
(por mi culpa),
la que parió y cobarde casi amó,
la que murió de nieve,
la altiva, la imprecisa, la que obliga;
la que murió de nieve,
la altiva, la imprecisa, la que obliga;
balbucear las bestias,
colocarlas de frente y, en silencio, atenderlas.
[foto: oprisco]









