martes, 17 de abril de 2018

Presentación recital de Paloma Corrales, Cuenca, 4 de noviembre 2017





Claves: ¿Cuáles son las claves de esta poesía que hoy y ahora nos disponemos a oír con el compromiso de ser interpelada por ella en un futuro cercano (con el compromiso, der engagement, en manera de libro)? ¿De una lectura en silencio de unas palabras que se arroban para sí mismas todo el silencio de la luz? Nuestro tiempo nos obliga a tener una relación silenciosa con la poesía, con el poema; nos obliga a la lectura silenciosa del poema, a preservar en lo más hondo de la conciencia ese silencio que de manera voluntaria guardan las palabras escritas, heridas profundas de la existencia, inscripciones en el talón de Aquiles del ser; son hoy en día esas palabras inscritas, rayadas, hendidas las que absorben esa poca luz de eso que llamamos poesía. Aunque oigamos hoy, esta tarde, ahora mismo estas revelaciones, más tarde tendremos que leerla para entrar en toda su dimensión de absoluto. La poesía de Paloma Corrales es estigmatización pura: posiblemente nos hallemos ante la última poesía teresiana, o la primera, pues si nunca hubo una, debería haber a través de ella una. ¿Existió alguna vez esta tradición? ¿Y que sería el teresianismo sino una mirada alucinada al mundo, al espacio, a la extensión que significa el mundo, y este a la vez achicado o vivido intensamente dentro de un cuerpo? Disociación de lo uno y lo otro en el cuerpo carnal del poema: estigmas, cada poema intenta ser el salto místico del estigma, de la señal que marca el estigma, y el poema mismo, como una encarnación del yo disuelto en el mundo, un estigma en las palabras mismas inscritas como heridas. Debemos prestar mucha atención, hoy y ahora a esta poesía que Elsa Taube-Hünder va a hacer reverberar a través de su voz azul, la voz que queda después de la tormenta; por esta voz quebrada y seca va a pasar el agua de unas palabras que vienen de una fuente incierta, pero que es la fuente de la trascendencia oscura. Cada poema de Elsa Tauber-Hünder (P.C) es un estigma, una señal, una marca de la existencia hecha con luz en el muro del ser: poesía teresiana. Las palabras de los palomares, o corrales aéreos de Gotarrendura, corrales aéreos hechos de barro y paja, de mampostería. Corrales circulares de mampostería con pequeños nichos para cada paloma, así queda inscrito que cada poema es un nicho oscuro, donde hay una vela, una luz, o una paloma iluminada en la noche. Hay que escuchar con atención a esta poeta, ahora, hoy, en el momento en el que la voz rota de nuestra poeta lleve hacia el aire el frágil poema a la vez roto del yo, las frágiles palabras, cuyo destino son romperse de nuevo en la vida; de nuevo devueltas las palabras a la vida para que de nuevo interpelen al otro, al que las oye o las lee. Estos poemas son muy frágiles, a veces crujen por sí solos en el silencio y la oscuridad, a veces son destellos de desesperación. De angustia en la misma alegría de la vida; son hondamente celebratorios, quieren dejar constancia del ser en los límites. Hoy y ahora en este momento en el que el poema marcará la cesura, la grieta de luz en el aire, la línea de silencio tenso que va de una palabra a otra, debemos escuchar y respirar como una piedra hasta ser participantes de la comunicación con el mundo y la experiencia que se nos propone. Aligerémonos de todo peso, abrámonos de toda oscuridad y escuchemos con los ojos cerrados en el sol de cada poema que aquí y ahora será leído, mandado al aire con el propósito de comunicar lo incomunicable, lo invisible. Así es la poesía de Paloma Corrales, de Elsa taube-Hünder.



miguel ángel curiel,  Talavera, finales de octubre de 2017
foto: oprisco

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