sábado, 28 de mayo de 2011

Como una lluvia exacta (R)


foto: extraída de la red

Completa de equinoccios,
no me pidas legitimar tus pómulos,
recuerdo con detalle
esa fragilidad de amapola callada
que narran tus mejillas.

No regreses sobre los besos,
no quedan adjetivos en mi boca,
voy perdiendo palabras;
las cambio cada día con los muertos,
(hoy descubrí un silencio
de escalera quebrada que, de tan oscuro,
se hace liquen del alma)
Es mejor —no lo dudes— consentir la escarcha,
migraremos la piel que conjuramos
en la dialéctica del tacto
y en un ritual de otoño interminable
seremos el letargo necesario.

Completa de equinoccios
no me pidas que borre tu contorno,
se empeña en ser impune en mi cintura
y respira despacio,
como una lluvia exacta de agua y agua.

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Mis circunstancias personales me mantienen un poco alejada de blogger, por eso  apenas os visito, evidentemente tampoco tengo mucho tiempo para escribir (¡ay!), mientras todo se arregla os dejo con un poema que ya publiqué hace unos meses. Un montón de besos y abrazos. Se os quiere.

jueves, 26 de mayo de 2011

(con) versando con Juana Vázquez




En esta ocasión fue Juana Vázquez quien de forma distendida quiso hablarnos de “sus criaturitas”, de cómo se vierte en sus versos, de su evolución y de la forma en que la poesía le otorga sentido a su vida: “Mi vida inmolada/ en el altar del tiempo,/ la ofrenda dolorosa/ de mi silente cuerpo/ es el precio que pago por/ el soberbio agravio/ de convocar, mediante/ mis torpes versos,/ al mensaje primario.”

"Con versamos" y ella traía los bolsillos repletos de poesía:


¡¡Gracias, Juana!!

jueves, 19 de mayo de 2011

un poema




“que los poemas no son mis vestidos
sino el esqueleto
extraído con dolor" 
Ana Blandiana

llega con la nostalgia del pan sin hornear
—sin cuerpo ni contorno—,
acude insoslayable
y un temblor le precede,
me reclama e indaga con la promiscuidad
del que explora su espacio,
me araña y me retuerce
hasta desentrañar las vestiduras
de lo que necesita ser nombrado.


[foto: extraída de la red]

lunes, 16 de mayo de 2011

Soledades encontradas


Foto: extraída de la red



Me contemplo bajar con lucidez
una escalera sin peldaños,
(no me preguntes cómo),
hace días, quizás semanas,
que no siento la lluvia y, misteriosamente,
veo pasar mi vida
como una sucesión de extrañas ceremonias
(si pudieras llegar a los escombros
y mirar desde aquí,
podrías comprender que nada pasa en vano,
que fuiste necesario
para deshilvanar, al menos una noche, mi triste soledad),
voy a seguir bajando
hasta hacerme corriente submarina
y olvidar lo perdido en la inerme penumbra
del agua y del silencio,
esa que traspasamos
cuando yo era extranjera y tú, mi solo amor.
.

sábado, 14 de mayo de 2011

(con) versando con Gracia Iglesias


Imagen: GuadaQué


Gracia Iglesias es inteligente, tiene las ideas muy claras y ama la poesía. Acaba de presentar en Guadalajara su último libro “Gritos verticales” y tuvo la amabilidad de invitarnos; allí estuvimos y, también, conversamos:


Ana Rosetti junto al director general de Promoción Cultural de Castilla la Mancha Rafael de Lucas presentaron este magnífico libro acompañados de Antonio García Villarán (Cangrejo Pistolero) y Ana Arcas (ilustradora).

A ella, a Gracia, podéis encontrarla en su blog como “domadora de elefantes”: AQUÍ.

Un pequeño aperitivo de sus "Gritos verticales":

“Mordería la fruta de tus labios dormidos
y tañería el arpa secreta de tu cuerpo
al menos una vez
al menos una
si no me encadenara la certeza
de que todo se rompe
en el preciso instante
en que empiezan a amarlo.”

Espero que disfrutéis el programa. Abrazos a tutiplén.
.

martes, 10 de mayo de 2011

Laberinto carnal



"LABERINTO CARNAL"
de
ELVIRA DAUDET
Si queréis comprarlo pinchad aquí.


Tal y como se expresa en el etiquetado de abajo, no pretendo hacer una reseña sino el sencillo acto de compartir con vosotros una experiencia: la lectura de “Laberinto carnal” de Elvira Daudet.

Lo comencé a leer con avidez, era mucha el ansia de empaparme en unos versos tan esperados, sin embargo, en seguida me di cuenta de que no me iba a servir una lectura rápida. No es complicada la poesía de Elvira, pero sí de una profundidad deslumbrante y de una intensidad fuera de lo común, así que me preparé para una lectura más pausada.

El primer poema, “Palabras mortales”, presenta una visión del mundo que no por atroz es menos real, la poeta hace un recorrido desde el mismo instante de la Creación hasta nuestros días, en el que Dios está presente, sí, pero como sujeto pasivo o estatua y no por entrar en un tema religioso (que bien podría), no, más bien para preparar y concienciar al lector de que el ser humano es el único responsable de todas las barbaries de este mundo: “Cabalgaban los diablos victoriosos sobre alados corceles impacientes: el hambre/—arma blanda de probada eficacia— que asesina a seis niños por segundo; el Sida/—obscena peste de laboratorio— virus mortal que anida en los cuerpos amantes, (…)” . Después de este primer poema y ya despojada de toda superficialidad pude constatar en el libro un peso que antes no había sentido.

“Peces muertos” es casi una poética, Elvira Daudet poetiza la imposibilidad de abstraerse del mundo que la rodea, se muestra incapaz de dejar de sentir el dolor ajeno como propio, pero os garantizo que sus versos no corren el riesgo de ser “peces muertos”, más bien todo lo contrario, tienen un latido único que transgrede hasta lo más recóndito.

Fue en ese momento, tras la lectura de los dos primeros poemas, cuando supe que los poemas de Elvira me iban a leer, y no al revés, que iban a tocar todo el registro de emociones, el más conocido y el que trasfunde. Porque sí bien es cierto que en algunos poemas está ella misma sin ropa y sin adornos, en otros presta su desgarradora voz poética, y yo diría su corazón, a quienes sus ojos y su sensibilidad creen que más lo necesitan.

No quisiera extenderme, ni mucho menos comentaros todos los poemas, pero sí me gustaría dejar constancia de que he llorado, me he estremecido y me he conmovido hasta sentir cada poema como una vivencia personal, porque si algo tiene la poesía de Daudet es que se instala en el alma, aunque sólo sea para crear el conflicto de despertarla. Para mí habrá un antes y un después de este poemario y de la profunda huella que me ha dejado.

Son veintiún magníficos poemas que recorren el interior “laberíntico” del lector, como si te sometieses a una sesión de acupuntura o como si tuvieran una carga somática; te duelen, te pellizcan y te penetran como agujas. Llegan a la entraña porque desde la entraña están escritos y así lo escribe ella en el poema que cierra este imprescindible libro: “Escribo con cuchillo —escondido en el puño,/ en la inocente lengua, en la sesera—,/ hurgando sin piedad en las entrañas,/ como el preso que graba, con la sangre/ de sus venas abiertas como juncos,/ su obsesión en los muros de la celda,/ palabras deformadas que me explican.” Y eso es realmente lo que sucede con este poemario: te “abre en canal” para comprender un poco más la muerte, el amor, la política, la maternidad y la enfermedad, en definitiva, la vida y el mundo desde el punto de vista más humano, la vehemente humanidad de la propia poeta que se desborda en cada verso sin renunciar en ningún momento a la belleza que exige la poesía.

Nada más, sigo impresionada con la lectura de “Laberinto carnal” y creo que lo estaré durante mucho tiempo, ojalá supiera contaros con más detalle todo lo que me ha aportado, pero, sin duda alguna, lo mejor es que lo comprobéis vosotros mismos, arriba os dejo el enlace donde se puede comprar el libro.
.

domingo, 8 de mayo de 2011

Tu risa


foto: extraída de la red

En el principio fue tu risa
cristalina y madura,
después, lo inverosímil de tu tacto,
mi piel te codiciaba,
no para vincularse contigo,
sino para nacer en ti,

en el principio fue tu muda calma
de poderoso amante,
la vocación sumisa de tus ojos,
todo lo inexplicable de la luz
que desprenden dos cuerpos
cuando se anhelan para recordarse
y esquivar la tragedia
de mirarse al espejo en soledad,

fue también la promesa
de no esperar la muerte ni la escarcha
y eclipsar el invierno
con la sangre y la sal de la utopía,

en el principio fue la risa...
.

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