
Foto: Nicolás Rougier
Transito un laberinto de tristeza
que acecha como el trueno
y, sin embargo es íntimo de máscaras,
parece que alimenta,
pero sólo devora abiertamente.
En la onomatopeya del silencio
permanezco callada,
sola, como un buzón desconocido
ausente de sus señas,
como un reptil extraño en el subsuelo.
Empujo las palabras
rebuscando el lenguaje que me salve,
la pólvora y el agua.
Hoy, sólo advierto grietas panorámicas.
Nadie mira las cuencas de mis ojos,
nadie se atreve a ver
donde duerme la muerte obligatoria.
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Gracias por vuestra compañía, por vuestras palabras y por vuestra constancia. Vosotros habéis hecho, hacéis, que esto tenga sentido. Que tengáis una noche memorable. Salud y feliz año.
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